
Hoy, parado entre el abismo y la esperanza, el remordimiento de mi “yo” me pega un cachetazo, tanto como la vida misma, y todo lo que hay en ella.
Ya no mas, ya no quiero ese “yo” que sombreaban cada cosa que hacia, en mis actos, mis pasos, mis actitudes, ya no mas.
No hace mucho me sentí completo, engañándome a mi mismo, la sombra llego hasta apoderarse de mí y de mi entorno, el mismo entorno que tanto amo.
Hoy nomás, y sin ese “simbionte” puedo ver la realidad con otros ojos, todo tiene un precio y yo lo estoy pagando, llevando una cruz de la cual algún día caerá para así, mostrar con orgullo quien verdaderamente soy.
Solo tiene un final, y de no ser ese (mi esperado) el amanecer nunca mas va a tener sentido.
Hoy, mi ser completo es sincero, tanto como lo dicta mi corazón.

