Recuerdo cuando
pasaste a ser la segunda en mi vida, creyéndote que ocupabas el trono en mi
reinado, a esa altura preferí seguir con el juego hasta ver hacia donde podía llegar,
entre risas a escondidas te vi maullando en cada rincón, aumentando así mi
nivel de juego. Me gustaba.
Quizás porque quería
llegar al final, mientras veía con ansias como ladrillo a ladrillo se caía para
no volver hacia atrás. Entre teatralizaciones frustrantes que solo yo conocía,
me fui seduciendo en esa especie de ludo psicópata envuelto en relojes que corrían
hacia atrás.
Presencie el
final casi deslumbrado por haber sido vos, la ultima en tirar los dados cuando
los movimientos ya estaban sobre la mesa mucho tiempo atrás.
Por suerte, nunca
me equivoque, el juego esta cerrado, yo abandone esos hábitos y vos seguís tirando
dados.


