
Esa noche antes de cruzar la puerta, ella ya se había caído por el pozo ciego mucho tiempo antes, se sintieron miles de brazos extendidos, tratando de corromper ese cuerpo, de tener un mínimo pedazo de ese ser que caía al abismo, los últimos manotazos fueron en vano, aunque sin resentimiento alguno, en la caída ella entre gritos de desesperación y miedo, se escuchaban sabias palabras que le decían al oído “solo disfruta de la caída, déjate llevar por los lamentos y veras como sanan tus heridas”
Confia en mi...
R.


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