jueves, 29 de abril de 2010

Latidos




En la inmensa oscuridad de aquella vieja habitación, solo nos encontrábamos vos y yo, caía la tarde, los bolsos laborales uno arriba del otro llevándonos la ventaja, nos contemplaban, humo, música y la calida luz de una hermosa luna nos envolvían a un nuevo capitulo.
Sentados en el piso, envueltos en sabanas y un leve gesto en mi cara le di a entender lo feliz que era en ese preciso momento, ella me miro y tímidamente me tomo la mano llevándola a su pecho, el latir de ese corazón todavía golpea en mi cabeza, como queriéndose acercar mas, mucho mas a mi.
R.

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